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La Tierra supo
Una vez más
apretó la rabia en el pañuelo azul y sin llorar.
Se cubrió de intemperie
para abarcar todos los nunca más sin pronunciar
que le quedaban por delante.
En silencio y distante
se calzó el desamparo.
Las márgenes del río
se unían en algún vértice punzante
que le desgarraba la ternura
por donde transitaban el tiempo y la esperanza.
Bajo estrellas apagadas
se encendió el aire
y el vientre se le erizó
de alaridos multiplicados.
Con la inocencia pisoteada
dibujó el primer paso o el último
de aquel círculo brutal que era su historia.
La eternidad no tiene antes ni después ni mientras tanto.
La Tierra supo
que ellos habían perdido la razón una vez más.
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